sábado, 8 de enero de 2011

Soneto XX: tierno corazón de mujer

El soneto isabelino tuvo su máxima época de esplendor en Inglaterra de 1591 a 1597, enganchando a Shakespeare en dicha tendecia en 1593, año en que comienza a componer la serie. Como curiosidad resumo a continuación la lista de sus principales "competidores" en el arte de componer sonetos, tal y como los describe el experto Sidney Lee en su obra "A Life of William Shakespeare" (Londres, 1898):
  • Sir Thomas Wyat, "Songs and Sonnetes" (1557).
  • Thomas Watson, "Century of Love" (1582)
  • Sir Philip Sidney, "Astrophel and Stella" (1591)
  • Samuel Daniel, "Delia" (1592)
  • Henry Constable, "Diana, the Praises of his Mistres in certaine sweete Sonnets" (1592)
  • Barnabe Barnes, "Parthenophil and Parthenophe: Sonnets, Madrigals, Elegies and Odes" (1593)
  • Thomas Watson, "The Tears of Fancie, or Love Disdained" (1593)
  • Thomas Lodge, "Phillis Honoured with Pastoral Sonnets, Elegies and Amorous Delights" (1593)
  • Michael Drayton, "Ideas, Mirrour, Amours in Quatorzains" (1594)
  • William Percy, "Sonnets to the fairest Coelia" (1594)
  • Richard Barnfield, "Cynthia" (1595)
  • Edmund Spenser, "Amoretti" (1595)
  • Sir John Davies, "Gullinge Sonnets" (1595)
  • Richard Linche, "Diella" (1596)
  • Bartholomew Griffin, "Fidessa" (1596)
  • William Smith, "Chloris" (1596)
  • Robert Tofte, "Laura, the Joys of a Traveller, or the Feast of Fancy" (1597)
  • Sir William Alexander, "Aurora" (1597)
  • Sir Fulke Greville, "Caelica" (1597)
 El Soneto XX parece ser un ejercicio de criptografía, a juicio de los estudiosos, en torno a la identidad del amado del poeta. En el poema Shakespeare se lamenta de que la naturaleza haya creado al joven hombre, cuando a su juicio debería haber sido una mujer dada su belleza, privándole de él. Presenta unas connotaciones sexuales que más adelante en la colección se verán acentuadas. Además hay una alusión al mito de Pigmalión y Galatea que se me había pasado ("Till Nature, as she wrought thee, fell a-doting").

                                            Soneto XX
Un rostro de mujer, pintado por la mano de la Naturaleza,
tienes tú, el señor-señora de mi sufrimiento;
un tierno corazón de mujer, que no conoce
la volubilidad, a diferencia de los falsos usos femeninos;
un ojo más brillante que el de ellas, que no gira tan falsamente,
y que cubre de oro el objeto al que contempla;
un hombre en apariencia, dueño de todas las miradas,
que roba los ojos de los hombres, y asombra las almas femeninas;
y como mujer fuiste creado primeramente,
hasta que la Naturaleza, al cincelarte empezó a adorarte,
al hacerte como yo, me privó de ti,
al añadirte un rasgo que no me aporta nada.
Pero como te dio un órgano para el placer de las mujeres,
sea mío tu amor, y el uso de tu amor tesoro de ellas.

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