miércoles, 5 de enero de 2011

Soneto XIX: el Tiempo destructor

El poeta sigue obsesionado con el paso del tiempo, al que personifica de nuevo, y su efecto destructor sobre las cosas, las bestias y las personas. Llega a ordenarle que no ataque a su joven amante, aunque en los dos últimos versos reconoce, como en el soneto anterior, que le da igual porque su belleza vivirá para siempre en los versos de Shakespeare. Es importante que ya aparece una declaración abierta de amor -como se intuía en los sonetos 10, 13 y 15-, aunque en éste se hace más evidente ("My love shall in my verse live young").

                                    Soneto XIX

           Tiempo voraz, desafilas las garras del león,
y llevas a la tierra a devorar a su progenie;
arrancas los afilados dientes de la mandíbula del fiero tigre,
y abrasas al longevo fénix en su propia sangre;
creas alegres y tristes estaciones a tu paso,
y siempre haces tu voluntad, Tiempo de pies ligeros,
con el ancho mundo, y con sus marchitantes cosas bellas;
Pero te prohíbo el más espantoso crimen:
oh, no talles con tus horas el hermoso semblante de mi amor,
ni traces líneas en él con tu vetusta pluma;
permite que tu curso le mantenga inmaculado
como un canon de belleza para los hombres venideros.
Y sin embargo, haz lo peor, viejo Tiempo: a pesar de tu daño,
mi amor vivirá para siempre joven en mis versos.  

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