domingo, 16 de octubre de 2011

Soneto CLIV y último: adios amigos

Bueno, pues después de casi un año de periplo llegan a su fin los sonetos de Shakespeare. Quiero agradeceros a todos aquellos que de una u otra forma me habéis animado a seguir día a día con esta excentricidad el haber estado allí. A los que habéis comentado en el blog, a los que lo habéis difundido por redes sociales y a los que me habéis transmitido en persona que os gustaba: muchas gracias. También pido perdón a todos aquellos a lo que pueda haber molestado metiendo innumerables enlaces de los sonetos en Facebook o Twitter; comprendó que no es algo que necesariamente tenga que gustar a todo el mundo.

Éste es el segundo blog que cierro desde que acabó el verano, lo que puede ser un síntoma de que me estoy curando de la manía de escribir sobre temas que no le interesan a nadie. Pero, en fin, quedará on line durante un tiempo hasta que me dé por quitarlo de Blogger.

Gracias a todos y un abrazo.


                        Soneto CLIV
El pequeño dios del amor, habiéndose tumbado a dormir,

depositó a su lado la antorcha que inflama los corazones,
mientras que muchas ninfas que habían hecho voto de castidad
pasaban junto a él con pies ligeros; mas, con su mano de doncella,
la más casta tomó en sus manos ese fuego
que a tantas legiones de fieles corazones ha calentado;
y, en consecuencia, el General del ardiente deseo
fue, mientras dormía, desarmado por mano de doncella.
Esta antorcha ella apagó en un frío pozo de los alrededores,
el cual, del fuego del amor tomó un calor perpetuo,
creándose un baño de propiedades curativas
para aquellos hombres enfermos; pero yo, siervo de mi dama,
fui allí en busca de cura y esto es lo que puedo decir:
el calor de Amor calienta el agua pero el agua no enfría el amor.
 

viernes, 14 de octubre de 2011

Soneto CLIII: donde Cupido encontró su nuevo fuego: en los ojos de mi dama

Tras la pasión mostrada a lo largo de la serie, tanto por el joven como por la Dama Oscura, Shakespeare finaliza su colección de sonetos con dos, éste y el siguiente, de lo más convencionales, siguiendo la moda de la época de introducir elementos de la mitología clásica. A pesar de que sigue hablando de su dama, los expertos no consideran que pertenezcan al grupo de los de la Dama Oscura.

                         Soneto CLIII
Cupido depositó su antorcha y se echó a dormir:
una doncella de Diana se topó con la oportunidad
y cogió el fuego que inflama el amor, sumergiéndolo
en una fría fuente de los alrededores,
la cual tomó prestado de este sagrado fuego del amor
un vivo calor sin final, desarrollando
un burbujeante baño, que todavía los hombres
utilizan para curar extrañas enfermedades de los soberanos.
Pero los ojos de mi dama volvieron a encender la antorcha de Amor
y el niño, para probarla, tocó mi pecho con ella;
yo, enfermo en consecuencia, requerí un baño curativo
y a aquel lugar corrí cual triste anfitrión de una infección,
mas no encontré remedio, pues el baño que puede ayudarme está
donde Cupido encontró su nuevo fuego: en los ojos de mi dama.

jueves, 13 de octubre de 2011

Soneto CLII: por amarte sabes que he cometido perjurio

Éste es el último soneto de la serie de la Dama Oscura y la verdad es que no ofrece una conclusión a todo el culebrón pasional erigido en los precedentes.

                        Soneto CLII
Por amarte sabes que he cometido perjurio,
pero tú has cometido un doble perjurio al jurar que me amas;
por tu acto has roto los votos de cama y rasgado tu nueva fe,
al profesar un nuevo odio tras albergar un nuevo amor:
¿pero, por qué te acuso de romper dos juramentos
cuando yo mismo he roto veinte? Yo soy el más perjuro;
pues todos mis votos son juramentos para pervertirte
y toda mi honesta fe en ti ha desaparecido:
porque he jurado profundamente por tu profunda amabilidad,
he jurado por tu amor, tu sinceridad, tu constancia;
y, para iluminarte, he cedido mis ojos a la ceguera,
o les he hecho afirmar lo contrario de lo que veían,
porque he jurado que eres bella, cometiendo por ello perjurio mi visión,
¡jurando contra la verdad tan sucia mentira!


miércoles, 12 de octubre de 2011

Soneto CLI: Amor es demasiado joven para saber qué es la conciencia

Penúltimo poema de la serie de la Dama Oscura en el que Shakespeare esboza un juego de reproches y autoreproches curioso.

                        Soneto CLI
Amor es demasiado joven para saber qué es la conciencia,

y sin embargo, ¿quién ignora que la conciencia nace del amor?
Así que, tierna embaucadora, no me eches en cara mi falta,
no sea que tu dulce ser se demuestre culpable de mis mismas culpas:
porque, al traicionarme tú, yo traiciono
a mi parte más noble en beneficio de mi cuerpo prosaico;
mi mente da permiso a mi cuerpo
para triunfar en el amor; la carne no necesita más razones,
pues se enerva al oír tu nombre y te señala
como galardón de su triunfo. Orgullosa de esta victoria,
se contenta con convertirse en tu pobre sierva,
manteniéndose pendiente de tus asuntos, sirviendo a tu lado.
No es falta de conciencia el que yo le llame amor
pues su deseado amor es lo que me mueve.  

martes, 11 de octubre de 2011

Soneto CL: aunque amo aquello que otros aborrecen

El poeta sigue debatiéndose en su fuero interno por los sentimientos encontrados hacia su amada.

                     Soneto CL
¡Oh! ¿De dónde procede tu poderosa fuerza

que, con todos sus defectos, controla mi corazón?
Esa que me hace mentirle a mi verdadera visión
y jurar que la luminosidad no decora el día.
¿De dónde extraes esa capacidad maligna
que hace que tus hechos más abyectos
tengan tal fuerza y probada habilidad
de forma que, en mi mente, lo peor exceda a todo lo mejor?
¿Quién te enseñó a conseguir que te ame cada vez más
cuanto más veo y oigo motivos para odiarte?
Oh, aunque amo aquello que otros aborrecen
junto a otros no debieras aborrecer mi situación:
si tu escasa valía despertó mi amor por ti
más merecedor soy yo de tu amor.

lunes, 10 de octubre de 2011

Soneto CXLIX: cuando contigo me conjuro contra mí mismo

El poeta reprocha a la Dama Oscura que no corresponda a la pasión que él siente por ella.


              Soneto CXLIX
¿Puedes, oh, ser cruel, afirmar que no te quiero,

cuando contigo me conjuro contra mí mismo?
¿Acaso no pienso en ti, tirana,
si me olvidé de mí propio ser por ti?
¿A quién que te odie puedo considerar amigo,
a quién desapruebas que yo muestre afición,
y además, si me miras amenazadora, acaso no inflijo
venganza sobre mí mismo con inmediatas lamentaciones?
¿Qué merito tiene mi autoestima,
al despreciar tus servicios tan orgullosa,
si lo mejor de mí venera tus defectos
guiado por el movimiento de tus ojos?
Pero, amor, continúa odiándome, porque ahora conozco tu mente:
amas a aquellos que ven y yo estoy ciego.

viernes, 7 de octubre de 2011

Soneto: CXLVIII: los ojos del amor no son tan fiables como los de los hombres

Continúa el poeta debatiéndose entre lo que le dicta su corazón, su pasión por la Dama Oscura, y lo que recomiendan la razón y los sentidos.


                    Soneto CXLVIII
¡ Ay de mí! ¿Qué ojos ha puesto Amor en mi cabeza

que no son fieles a la visión verdadera,
o, si lo son, a dónde ha huido mi juicio
que falsamente censura lo que ellos perciben correctamente?
¿Si es hermoso lo que mis falsos ojos adoran,
por qué se empeña el mundo en decir que no es así?
Si no es así, entonces mi amor bien demuestra
que los ojos del amor no son tan fiables como los de los hombres: no,
¿cómo habrían de serlo? Oh, ¿cómo podría ser fiel la visión de Amor
cuando está tan irritada por la vista y por las lágrimas?
No es raro entonces que yo confunda lo que veo;
el mismísimo sol no ve hasta que se aclara el cielo.
¡Oh Amor engañoso! Con lágrimas me mantienes a ciegas
para que los ojos de buena vista tus sucias faltas no descubran.

jueves, 6 de octubre de 2011

Soneto CXLVII: mi amor es como una fiebre que se perpetúa

En este caso, Shakespeare compara el amor que siente por la Dama Oscura con una enfermedad. Su raciocinio es el médico que sin éxito intenta curarle. Reconoce en los últimos versos haberla idealizado pues la define como "tan negra como el infierno y tan oscura como la noche" ( black as hell, as dark as night).


             Soneto CXLVII
Mi amor es como una fiebre que se perpetúa
porque se alimenta de aquello que protege la enfermedad,
nutriéndose de lo que preserva el mal,
para satisfacer un incierto apetito enfermizo.
Mi razón, un médico para mi amor,
iracundo porque sus prescripciones no se han aplicado,
me ha abandonado y ahora desesperadamente concedo
que el deseo es la muerte, lo que diagnosticó mi medico.
Desahuciado estoy, ahora que la Razón se desentiende de mí
y frenéticamente loco, con una inquietud para siempre;
mis pensamientos y mi discurso son los de un orate,
alejados de la verdad y vanamente expresados,
porque he jurado que eres bella, y te he imaginado brillante,
a ti, que eres tan negra como el infierno y tan oscura como la noche. 

miércoles, 5 de octubre de 2011

Soneto CXLVI: compra valores divinos vendiendo horas de escoria

Este es quizá el soneto más religioso de Willliam Shakespeare, en el que trata la tradicional dicotomía alma-cuerpo desde una perspectiva que alude al derecho mercantil y al mercado inmobiliario.


               Soneto CXLVI
Pobre alma, el centro de mi mundo pecador,
que alimentas esos poderes rebeldes que encubres,
¿por qué languideces ahí adentro y padeces hambruna
mientras pintas alegres tus paredes externas a tan alto coste?
¿Por qué  inviertes un gasto tan elevado sobre tu mansión menguante
teniendo en cuenta el corto periodo de alquiler?
¿Se comerán los gusanos, herederos de estos excesos,
el motivo de tu cuidado? ¿Es éste el fin de tu cuerpo?
En este caso, alma, has de vivir de la pérdida de tu siervo,
de forma que ese dolor agrande tus activos;
compra valores divinos vendiendo horas de escoria;
aliméntate por dentro, nunca más seas rica por fuera:
de esta forma, te cebarás de la muerte, que se ceba en los hombres,
y una vez muerto, ya no hay más muerte.

martes, 4 de octubre de 2011

Soneto CXLV: quien como un diablo ha volado del cielo al infierno

Este soneto es el único de los 154 que difiere en la métrica puesto que no está escrito en pentámetro yámbico. Esto lleva a algún erudito a postular que fue escrito en una época anterior y posteriormente incluido en la serie, pero es improbable que el joven Shakespeare que vivía en Stratdford, antes de iniciar su carrera literaria, conociese la tradición sonetista todavía.


                     Soneto CXLV
Esos labios construidos por la misma mano de Amor

respiraron un sonido que decía “odio”,
a mí, que me desvivía por ella:
pero cuando ella contempló mi penoso estado,
la compasión llegó directa a su corazón
censurando a aquella lengua, que siempre dulce,
acostumbraba a suministrar suaves sentencias,
y de esta forma la enseñó de nuevo a saludar;
ella alteró “odio” con un final en la frase
que le sucedía tal y como el tierno día
sigue a la noche, quien como un diablo
ha volado del cielo al infierno.
“Odio” del odio ella retiró,
y salvó mi vida diciendo “a ti no”.

lunes, 3 de octubre de 2011

Soneto CXLIV: dos amores tengo que me confortan y desesperan

Este soneto da muchas claves para entender las relaciones amorosas de Shakespeare, dado que en él enfrenta al amor puro platónico, representado por el joven, con el deseo carnal, que en su caso lo encarna la Dama Oscura. Es un tema recurrente en la literatura universal desde “El banquete” de Platón.

                  Soneto CXLIV
Dos amores tengo que me confortan y desesperan,
y que, como espíritus encontrados, continuamente me tientan:
el mejor ángel es un hombre completamente bello,
el peor espíritu, una mujer de oscuro color.
De cara a ganarme para el infierno, mi mal femenino
tienta a mi buen ángel mientras él está a mi lado,
e intenta corromper a mi santo para convertirle en diablo
seduciendo su pureza con su sucio orgullo.
 Y aunque puede que mi ángel se transforme en demonio,
sospecho, aunque no pueda afirmarlo,
que, al estar los dos lejos de mí pero juntos entre sí,
uno de ellos es el infierno del otro:
sin embargo, nunca lo sabré, y viviré con la duda,
hasta que mi ángel malo expulse fuera al bueno.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Soneto CXLIII: así corres tú tras aquello que se aleja de ti

Sigue el tema del soneto anterior. Ella se aleja en pos de otros objetivos amorosos y él la persigue desde la distancia. Curiosa imagen de la madre que deja a su hijo en el suelo para perseguir a una gallina.

               Soneto CXLIII
Mira, tal y como una madre corre para coger

a una de sus emplumadas criaturas que se ha escapado,
deposita en el suelo a su retoño, y rápidamente parte
en persecución de aquello que no debía haberse ido,
mientras que su hijo rechazado la sigue a la carrera
y ella grita para alcanzar el objeto de su responsabilidad,
siguiendo aquello que desaparece delante de sus narices,
sin valorar el disgusto de su pobre infante,
así corres tú tras aquello que se aleja de ti,
mientras que yo, tu retoño, te sigo de lejos;
pero si alcanzas tus esperanzas, vuelve a mí,
e interpreta tu papel de madre, bésame, se considerada;
así, rezaré para que consigas tu deseo
siempre que vuelvas y aplaques mi sonoro llanto.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Soneto CXLII: el amor es mi pecado

El poeta le pide a su amada que troque el desprecio hacia él por compasión, y aunque reconoce infidelidades hacia ella, también afirma que la Dama Oscura ha cometido adulterio. La compasión tradicionalmente abarca un extenso rango de actos y emociones, desde la simpatía y la disposición a escuchar, hasta un beso e incluso la realización del acto sexual, que nos da que es lo que persigue el autor. Así están las cosas en el culebrón de Will.

                         Soneto CXLII
El amor es mi pecado, y el motivo del odio de tu preciosa virtud,
odio hacia mi pecado, cimentado sobre amores pecaminosos:
oh, pero compara mi situación con la tuya
y descubrirás que no merece reproche,
o, si lo merece, no precisamente procedente de tus labios,
que han profanado sus ornamentos escarlata
y que han sellado falsos lazos de amor tanto como los míos,
robando las rentas de las camas de otros.
Si es lícito que yo te ame, tal y como tu amas
a aquellos a los que tus ojos seducen como los míos a ti importunan,
siembra entonces compasión en tu corazón, de forma que,
cuando crezca, tu compasión merezca ser compadecida.
Si buscar obtener lo que tú escondes a los demás,
por tu propio ejemplo, te será denegado. 


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Soneto CXLI: yo no te amo con mis ojos

Este soneto puede ser una parodia de la costumbre literaria de la época de pintar a la amada con rasgos divinos. Shakespeare reconoce que la Dama Oscura no le atrae con ninguno de los sentidos y sin embargo afirma que está loco de amor por ella. 


             Soneto CXLI
Realmente, yo no te amo con mis ojos,
porque ellos mil defectos detectan en ti;
pero es mi corazón el que ama lo que ellos desprecian,
el que, a pesar de dicha visión, gusta de encandilarse contigo.
Tampoco mis oídos se entusiasman con la melodía de tu voz,
ni mi tierno tacto recibe placer de tu caricia,
ni el gusto, ni el olfato, desarrollan el anhelo de ser invitados
a una ceremonia sensual contigo a solas:
pero ni mi inteligencia ni mis cinco sentidos
pueden disuadir a un tonto corazón de que te sirva,
aquel que deja incontrolada la apariencia de hombre,
postrándome cual bajo vasallo de tu vanidoso corazón:
tan solo considero mi lacra como una ventaja
al ver que aquella que me hace pecar es la que me inflige el dolor.

martes, 27 de septiembre de 2011

Soneto CXL: sé tan sabia como eres cruel

Un soneto pleno de pasion y sentimientos encontrados. Él sabe que ella le engaña, pero está enamorado y le pide que finja que le ama aunque sea mentira.


                 Soneto CXL
Sé tan sabia como eres cruel; no presiones
a mi paciencia amordazada con demasiado desden,
no sea que el dolor me preste palabras y que éstas expresen
la naturaleza de mi pena ansiosa de compasión.
Si pudiese transmitirte conocimiento, sería mejor,
que aunque no me amas, amor, me dijeses que sí,
como los hombres iracundos, que cuando su muerte esta cercana
solamente quieren recibir noticias de mejoría de sus doctores,
porque si caigo en la desesperación me volveré loco,
y mi locura me puede llevar a hablar mal de ti,
ahora que este mundo retorcido se ha vuelto tan pernicioso
que los locos calumniadores pueden ser creídos por los oídos locos.
Para que yo no enloquezca, ni tú resultes calumniada,
mantén tu vista fija en mí aunque tu orgulloso corazón se descarríe.


lunes, 26 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIX: aparta de mi rostro a mis verdugos

Parece ser que la Dama Oscura tiene otros pretendientes a los que dedica atenciones y Shakespeare sufre por ello. Es un tema clásico entre los sonetos de la época, el de la crueldad de la mujer amada. Sin embargo, a mitad de poema introduce una variante al justificar de alguna manera el comportamiento de su amante.

                Soneto CXXXIX
Oh, no me invoques para justificar la injuria
que tu crueldad inflige en mi corazón;
no me hieras con tu mirada sino con tu lengua:
utiliza todo tu poder y no me mates con artificios,
dime que amas a otro; pero en mi presencia,
querido corazón, evita mirar hacia otro lado:
¿Por qué tienes que herir con argucias, cuando tu poder
es mayor que lo que mis debilitadas defensas pueden soportar?
Déjame que te justifique: ah, mi amor bien sabe
que su bella apariencia ha sido mi enemiga,
pero ahora aparta de mi rostro a mis verdugos,
para que hacia otros puedan disparar su daño:
sin embargo no lo hagas, puesto que dado que me hallo moribundo,
remátame con tus miradas y acaba con mi sufrimiento.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Soneto CXXXVIII: vanamente creyendo que ella me tiene por joven

Este soneto me parece precioso. Hay un juego sutil de engaños, autoengaños y mentiras, que resulta tierno. Él finge ser más joven de lo que es y ella parece que juega a creerlo. Le da miedo perderla por la diferencia de años. Los dos se regocijan con las mentiras mutuas (Therefore I lie with her, and she with me,  And in our faults by lies we flattered be).


               Soneto CXXXVIII
Cuando mi amor jura estar hecha de verdad,
yo la creo aun sabiendo que miente,
de forma que ella me tenga por un joven ignorante
no versado en las falsas sutilezas del mundo.
Por ello, vanamente creyendo que ella me tiene por joven,
aunque ella sabe que mis mejores días han pasado,
sencillamente doy crédito a su lengua mentirosa:
por ambas partes la verdad evidente es suprimida:
pero, ¿por qué ella no reconoce que es injusta?
¿y por qué no reconozco yo que soy viejo?
Oh, el mayor hábito del amor es parecer sincero,
y al amante entrado en edad no le gusta que se le recuerden los años:
por ello, yo miento con ella y ella conmigo,
y con nuestras faltas por mentir nos sentimos halagados.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Soneto CXXXVII: Amor, ciego estúpido, qué le has hecho a mis ojos

Los sonetos de la Dama Oscura son muy complejos. A veces Shakespeare la pinta como alguien físicamente desagradable pero que despierta la líbido; otras muestra su amor hacia ella a pesar de las habladurías y otras pone en evidencia su promiscuidad. Aquí se mezclan todos los motivos de nuevo: se queja de sufrir pasión por ella, que parece ser que no merece, máxime teniendo en cuenta que esta mujer parece tener relaciones con otros hombres. De hecho, la describe como una prostituta (eso sí, poéticamente).

                    Soneto CXXXVII
 ¿Amor, ciego estúpido, qué le has hecho a mis ojos
que miran pero que no ven lo que ven?
Saben lo que es la belleza, ven dónde se encuentra,
y sin embargo, confunden lo peor con lo mejor.
¿Si los ojos, corruptos por miradas seductoras,
están anclados en la bahía donde todos los hombres cabalgan,
 por qué has forjado garfios sobre la falsedad de una mirada
a los que el juicio de mi corazón está atado?
 ¿Por qué mi corazón concibe un coto
allí donde él mismo sabe que todos los hombres tienen acceso?
¿O, por qué mis ojos, al ver esto, no lo niegan
e insisten en proyectar la belleza en tan desagradable rostro?
Con aquello verdadero y recto mi corazón y mis ojos han errado,
y a esta plaga de falsedad están dedicados.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Soneto CXXXVI: me amarás porque mi nombre es “Will”

Este soneto sigue la línea del anterior haciendo juegos de palabras con los distintos significados de la palabra Will, en este caso con un abierto componente sexual.

                   Soneto CXXXVI
Si tu alma te reprocha que me acerco demasiado,
júrale a tu alma ciega que era yo, tu Will,
y que el deseo, tu alma lo sabe, está allí permitido;
así que en el nombre del amor, cielo, satisface mi demanda.
Will satisfará el tesoro de tu amor,
ciertamente, lo colmaré de deseo solo con mi deseo.
Es sabido que en cosas de gran enjundia es fácil demostrar
que entre un número de elementos, uno se tiene por ninguno:
así que, entre todos los demás deja que pase desapercibido,
aunque entre tu acervo ocupo un lugar;
no me valores en nada, siempre y cuando te resulte placentera
esa nada que soy yo y sea dulce para ti:
convierte mi nombre en tu amor y ámalo siempre
y en consecuencia me amarás porque mi nombre es “Will”.

martes, 20 de septiembre de 2011

Soneto CXXXV: Cualesquiera que sean los deseos de otras, tú tienes a tu Will

Este soneto juega con el múltiple sentido de la palabra "Will". Los expertos han identificado siete posibles significados de la palabra:
1. Diminutivo de William
2. Voluntad
3. Deseo carnal
4. Verbo auxiliar
5. Obstinación
6. Denominación vulgar del órgano sexual masculino
7. Denominación vulgar del órgano sexual femenino
Cada uno que haga su propia lectura.


                          Soneto CXXXV
Cualesquiera que sean los deseos de otras, tú tienes a tu Will,
y Will de sobra y Will en exceso;
una cantidad de mí que siempre te ha pretendido
de esta manera satisfaciendo tu dulce deseo.
¿Querrías, dado que tu deseo es amplio y espacioso,
permitir por una vez que mi deseo se esconda en el tuyo?
¿Te puede parecer adorable el deseo de otros,
mientras que mi deseo no recibe el brillo de la aceptación?
El mar, que es todo agua, aun así siempre acoge la lluvia,
y con abundancia, añadiéndola a sus reservas;
así que tú, que eres rica en Will, añade a tu Will
un deseo mío, para incrementar tu gran deseo.
No seas ingrata, no mates a los bellos pretendientes;
piensa en todos como uno y en mí como ese uno.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIV: yo mismo estoy hipotecado con tu deseo

El tema es es mismo del soneto anterior, los devaneos amorosos entre la Dama Oscura, Shakespeare y el joven. Es curioso el uso de terminología legal (hipotecas, derecho, endeudamiento) en un poema de amor, aunque según sus biógrafos, Shakespeare estaba bastante versado en el tema por distintas demandas y pleitos a los que se enfrentó a lo largo de su vida.


              Soneto CXXXIV
Ahora que he confesado que él es tuyo
y que yo mismo estoy hipotecado con tu deseo,
cedo mis derechos de forma que mi otro yo
me sea restituido para que siempre me reconforte:
pero no lo harás, ni el deseará ser liberado,
porque tú eres avariciosa y él es generoso;
aprendió a, como si fuera yo, firmar en mi nombre,
aceptando un compromiso que le ata estrechamente.
El derecho que te confiere tu belleza ejercerás,
usurera,  aquel que a todos prestas,
y demandarás a un amigo que se endeudo por mí;
de esta forma le pierdo por mi proceder desagradecido.
A él le he perdido; tú nos tienes tanto a él como a mí:
él paga toda la deuda y sin embargo yo no soy libre.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIII: también debe ser esclavizado mi dulce amigo

El tema se vuelve farragoso. Parece ser que la Dama Oscura, además de a Shakespeare, también ha seducido al joven de los sonetos precedentes. El poeta le pide que le libere del tormento, dado que ya le tortura a él, y se queja de la triple pérdida: de su amada, de su amigo y de sí mismo, pues ella le ha robado el corazón.


                 Soneto CXXXIII
¡Maldito sea el corazón que hace al mío quejarse
por esa profunda herida que nos inflige a mi amigo y a mí!
¿No es suficiente con torturarme solamente a mí,
que también debe ser esclavizado mi dulce amigo?
Tu ojo cruel de mí mismo me ha arrancado
y de mi ser más próximo más duramente te has incautado:
de él, de mí mismo y de ti he sido privado;
un tormento triplicado que debo soportar.
Aprisiona mi corazón bajo la guardia de tu pecho de acero
pero deja que mi pobre corazón responda del de mi amigo;
quienquiera que me encierre, deja que le defienda mi corazón;
no podrás entonces ser severa con mi encierro:
y sin embargo lo serás, porque al ser tu prisionero,
por fuerza soy tuyo, y también todo lo que hay en mí.  

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Soneto CXXXII: contemplando mi dolor con bella piedad

Shakespeare establece una comparación poética entre los ojos negros de la Dama Oscura y el luto que a su juicio expresan por compasión hacia él, y le pide al corazón de la amada que también se compadezca y no le torture. Es un tema recurrente en la literatura desde el siglo XIV con Dante y Petrarca.

                  Soneto CXXXII
Tus ojos amo, y ellos, como compadeciéndose de mí,
a sabiendas de que tu corazón me tortura con desdén,
visten luto y se han transformado en plañideros amantes,
contemplando mi dolor con bella piedad.
Y verdaderamente, ni el matutino sol del cielo
adorna más las grises mejillas del Este,
ni esa gran estrella que oficia en el crepúsculo
confiere la mitad de gloria al sobrio Oeste,
que la armonía que esos dos ojos en pena aportan a tu rostro:
oh, considera entonces apropiado que tu corazón
pene por mí, dado que el sufrimiento te añade gracia,
y adopta la compasión en cada parte de ti.
Entonces juraré que la misma belleza es negra
y que horribles son todas las que carecen de tu aspecto.

martes, 13 de septiembre de 2011

Soneto CXXXI: tú no eres negra más que en tus actos

El tema se empieza a complicar: parece ser que la amada tiene un modo de proceder oscuro, a los ojos del poeta. También la define como tiránica. Sigue igualmente dándole vueltas al tema de que su belleza no es convencional.

                      Soneto CXXXI
Tú eres tan tiránica,  al actuar de esta manera,
como aquellas a cuya belleza vuelve orgullosamente crueles:
porque bien sabes que para mi querido corazón enamorado
tu eres la joya más preciada y hermosa.
Sin embargo, a decir verdad,  algunos al contemplarte comentan
que tu rostro no tiene el poder de hacer lamentarse al amor:
no seré yo tan audaz para afirmar que se equivocan,
aunque en mi fuero interno lo jure,
y  para asegurarme de no jurar en falso,
mil lamentos me afloran sólo con pensar en tu rostro.
Todos ellos, uno tras otro prestan testimonio
de que tu negrura es a mi juicio lo más bello.
Tú no eres negra más que en tus actos
y de allí, pienso yo, que procede la calumnia.