miércoles, 22 de diciembre de 2010

Soneto XII: el reloj y la guadaña

Este soneto, en su versión original, tiene una cadencia lenta y especial, que parece reproducir el tic-tac del reloj y la llegada de un fin desastroso e inevitable. Los versos finales suponen una rebelión contra la muerte, el fin inexorable, y establecen una posible salida a través de la descendencia.

                                 Soneto XII
Cuando cuento el tiempo que da el reloj,
y veo el gallardo día hundirse en la aciaga noche;
cuando contemplo el violeta pasado glorioso,
y los rizos oscuros platearse de blanco;
cuando los altivos árboles veo  estériles de hojas,
que antaño del calor protegían a los rebaños,
y la verde mies del estío en haces atada,
llevada en un carro con blanca y seca barba;
entonces tu belleza pongo en cuestión,
pues tendrás que irte con los residuos del tiempo,
dado que hasta las cosas dulces y bellas desaparecen,
y mueren al ritmo al que contemplan crecer a otras;
y contra la guadaña del Tiempo no hay defensa posible,
excepto la crianza, que le desafiará, cuando te lleve.

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