martes, 21 de diciembre de 2010

Soneto XI: el regalo de la Naturaleza

Seguimos con el mismo tema de la necesidad de procreación del joven para que su belleza sobreviva. La naturaleza le ha otorgado un don, un regalo, la belleza física, con la intención de que la reproduzca para que ésta sobreviva.

                                           Soneto XI

Tan rápido como te marchitarás, así de rápido creces
en tu descendencia, aquella de la que te alejas con la edad;
y esa fresca sangre que de joven entregaste,
puedes considerarla tuya cuando abandones la juventud.
Ahí mora la sabiduría, la belleza, y la abundancia;
fuera de ello, la ignorancia, el envejecimiento y el frío declive: 
si todos pensasen así, el tiempo se pararía,
y en una generación se acabaría el mundo.
Dejad que a los que la Naturaleza no ha creado para procrear,
crueles, amorfos y rudos, perezcan estérilmente:
mira, a los que más repartió, os dio aún más;
y su generoso presente debes apreciarlo en su valía.
Te talló como su propio sello, y su intención fue
que imprimieses otros más, no dejar morir la copia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada