miércoles, 15 de diciembre de 2010

Soneto VIII: la armonía musical

Ahora, en este octavo soneto, la aproximación al tema de la familia llega de la mano de la música. Compara, por una parte, la ejecución de un conjunto musical con un solo, para establecer la relación entre la familia y el "single"; y por otro lado, la conjunción de las distintas cuerdas de un instrumento de cara a interpretar una melodía, equiparando la vida del solitario frente al hombre que tiene descendencia.

Poco se sabe de la identidad del "bello efebo" al que dirige todos estos apasionados poemas, pero mi amiga María me ha preguntado por la cuestión, y prometo que en futuras entregas de sonetos intentaré plasmar las hipótesis que los estudiosos barajan, incluyendo algún comentario a la críptica dedicatoria de la primera edición impresa de la colección completa.


                                        Soneto VIII
Si eres música al oído, ¿por qué te entristece escuchar música?
Lo dulce no lucha con lo dulce, la alegría se deleita en la alegría.
¿Por qué amas aquello que recibiste con disgusto, 
o al contrario, por qué recibes con placer tu desdicha?
Si la verdadera concordia de los sonidos afinados,
unidos en maridaje, ofenden a tu oído,
ellos dulcemente te critican, a ti que ocultas,
al ejecutar un solo,  las distintas partes que deberías interpretar.
Fíjate, como una cuerda, dulce compañera de otra,
reverbera con ella, de forma ordenada;
asemejando al hombre y al hijo y a la madre feliz,
quienes, al unísono, cantan una nota placentera:
cuyos cantares áfonos, que siendo muchos parecen uno,
te cantan esto: “en soledad no serás nada”.

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