martes, 14 de diciembre de 2010

Soneto VII: la puesta de sol

Después de comparar la existencia humana con las estaciones del año, ahora le toca al bueno de Will compararla con el día: la mañana es la juventud y la tarde la madurez, con la puesta del sol simbolizando la muerte. Sigue insistiendo en el tema de que el bello joven tenga descendencia que haga eternas sus virtudes, más allá del ocaso.

                     Soneto VII

¡Mira! En oriente cuando la graciosa luz
eleva su ardiente cabeza, todo aquel que contempla
rinde homenaje a su inédita imagen,
sirviendo con la mirada a su sagrada majestad;
y habiendo escalado la empinada colina celeste,
aparentando fortaleza juvenil en su madurez,
aún las miradas mortales adoran su belleza,
concentradas en su áureo peregrinaje:
pero cuando estando en el cénit con cansado carruaje,
como en edad de flaqueza, se aleja del día,
los ojos, antaño serviles, son ahora transformados
por su fase declinante, y miran hacia otro lado.
Así que tú, adentrándote en tu mediodía,
morirás sin contemplación, si no tienes un hijo.

2 comentarios:

  1. Tienes que averiguar quien ese bello doncello, Pablo. Me mata la curiosidad.

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  2. Estoy pensando en incluir más información sobre los que se sabe del susodicho, que no es mucho, en futuras entregas. Mantente conectada

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