jueves, 16 de diciembre de 2010

Soneto IX: la lágrima de una viuda

En este caso la comparación la realiza Shakespeare con una viuda: si el joven no quiere tener familia por no causar dolor a su viuda, en caso de fallecer, al no dejar descendencia convierte al mundo en su viuda, a la que priva de sí mismo, de su belleza, al no dejar descendencia. Más de lo mismo.


                                       Soneto IX
 ¿Es por miedo a humedecer el ojo de una viuda,
por lo que te consumes en la vida soltera?
¡Ah! Si tu destino es morir sin descendencia,
el mundo te llorará, como una esposa abandonada;
el mundo será tu viuda, y continuará llorando,
porque ninguna forma de ti has dejado atrás,
mientras que toda viuda ordinaria puede conservar,
en los ojos de sus retoños, la imagen de su marido.
Todo lo que un despilfarrador puede gastar en el mundo,
sólo cambia de lugar, porque el mundo sigue disfrutándolo;
pero el derroche de belleza tiene un límite en el mundo,
y, no siendo utilizada, el portador de esta manera la destruye.
La ausencia de amor por los demás se asienta en el pecho
del que comete en sí mismo semejante calamidad asesina.

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