lunes, 6 de diciembre de 2010

Soneto III: Mírate al espejo

Al joven se le acusa de egoísta si renuncia a procrear. Supone una vuelta más sobre el mismo tema: que sus virtudes y su encanto físico no se pierdan al morir. Al igual que él ha recibido la belleza de su madre, ahora se ve obligado a transmitirla a su descendiente.

 

Soneto III


Mírate al espejo, y descubre el rostro que contemplas,
ahora es el momento en que esa cara tiene que formar otra;
si ahora no renuevas su fresca condición,
engañas al mundo, condenas a alguna madre.
Porque ¿dónde está aquella tan hermosa, cuyo vientre yermo
desdeñe ser fecundado por tu labrar?
¿O quién es aquel tan indulgente, que se convierta en tumba
de su narcisismo, para frenar la posteridad?
Tú eres espejo de tu madre, y ella a través de ti
recupera el delicioso abril de su juventud:
de esta forma a través de las ventanas de tu edad podrás ver,
a pesar de las arrugas, éste tu tiempo dorado.
Pero si eliges vivir para no ser recordado,
muere soltero, y tu imagen muere contigo.      

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