domingo, 16 de octubre de 2011

Soneto CLIV y último: adios amigos

Bueno, pues después de casi un año de periplo llegan a su fin los sonetos de Shakespeare. Quiero agradeceros a todos aquellos que de una u otra forma me habéis animado a seguir día a día con esta excentricidad el haber estado allí. A los que habéis comentado en el blog, a los que lo habéis difundido por redes sociales y a los que me habéis transmitido en persona que os gustaba: muchas gracias. También pido perdón a todos aquellos a lo que pueda haber molestado metiendo innumerables enlaces de los sonetos en Facebook o Twitter; comprendó que no es algo que necesariamente tenga que gustar a todo el mundo.

Éste es el segundo blog que cierro desde que acabó el verano, lo que puede ser un síntoma de que me estoy curando de la manía de escribir sobre temas que no le interesan a nadie. Pero, en fin, quedará on line durante un tiempo hasta que me dé por quitarlo de Blogger.

Gracias a todos y un abrazo.


                        Soneto CLIV
El pequeño dios del amor, habiéndose tumbado a dormir,

depositó a su lado la antorcha que inflama los corazones,
mientras que muchas ninfas que habían hecho voto de castidad
pasaban junto a él con pies ligeros; mas, con su mano de doncella,
la más casta tomó en sus manos ese fuego
que a tantas legiones de fieles corazones ha calentado;
y, en consecuencia, el General del ardiente deseo
fue, mientras dormía, desarmado por mano de doncella.
Esta antorcha ella apagó en un frío pozo de los alrededores,
el cual, del fuego del amor tomó un calor perpetuo,
creándose un baño de propiedades curativas
para aquellos hombres enfermos; pero yo, siervo de mi dama,
fui allí en busca de cura y esto es lo que puedo decir:
el calor de Amor calienta el agua pero el agua no enfría el amor.
 

viernes, 14 de octubre de 2011

Soneto CLIII: donde Cupido encontró su nuevo fuego: en los ojos de mi dama

Tras la pasión mostrada a lo largo de la serie, tanto por el joven como por la Dama Oscura, Shakespeare finaliza su colección de sonetos con dos, éste y el siguiente, de lo más convencionales, siguiendo la moda de la época de introducir elementos de la mitología clásica. A pesar de que sigue hablando de su dama, los expertos no consideran que pertenezcan al grupo de los de la Dama Oscura.

                         Soneto CLIII
Cupido depositó su antorcha y se echó a dormir:
una doncella de Diana se topó con la oportunidad
y cogió el fuego que inflama el amor, sumergiéndolo
en una fría fuente de los alrededores,
la cual tomó prestado de este sagrado fuego del amor
un vivo calor sin final, desarrollando
un burbujeante baño, que todavía los hombres
utilizan para curar extrañas enfermedades de los soberanos.
Pero los ojos de mi dama volvieron a encender la antorcha de Amor
y el niño, para probarla, tocó mi pecho con ella;
yo, enfermo en consecuencia, requerí un baño curativo
y a aquel lugar corrí cual triste anfitrión de una infección,
mas no encontré remedio, pues el baño que puede ayudarme está
donde Cupido encontró su nuevo fuego: en los ojos de mi dama.

jueves, 13 de octubre de 2011

Soneto CLII: por amarte sabes que he cometido perjurio

Éste es el último soneto de la serie de la Dama Oscura y la verdad es que no ofrece una conclusión a todo el culebrón pasional erigido en los precedentes.

                        Soneto CLII
Por amarte sabes que he cometido perjurio,
pero tú has cometido un doble perjurio al jurar que me amas;
por tu acto has roto los votos de cama y rasgado tu nueva fe,
al profesar un nuevo odio tras albergar un nuevo amor:
¿pero, por qué te acuso de romper dos juramentos
cuando yo mismo he roto veinte? Yo soy el más perjuro;
pues todos mis votos son juramentos para pervertirte
y toda mi honesta fe en ti ha desaparecido:
porque he jurado profundamente por tu profunda amabilidad,
he jurado por tu amor, tu sinceridad, tu constancia;
y, para iluminarte, he cedido mis ojos a la ceguera,
o les he hecho afirmar lo contrario de lo que veían,
porque he jurado que eres bella, cometiendo por ello perjurio mi visión,
¡jurando contra la verdad tan sucia mentira!


miércoles, 12 de octubre de 2011

Soneto CLI: Amor es demasiado joven para saber qué es la conciencia

Penúltimo poema de la serie de la Dama Oscura en el que Shakespeare esboza un juego de reproches y autoreproches curioso.

                        Soneto CLI
Amor es demasiado joven para saber qué es la conciencia,

y sin embargo, ¿quién ignora que la conciencia nace del amor?
Así que, tierna embaucadora, no me eches en cara mi falta,
no sea que tu dulce ser se demuestre culpable de mis mismas culpas:
porque, al traicionarme tú, yo traiciono
a mi parte más noble en beneficio de mi cuerpo prosaico;
mi mente da permiso a mi cuerpo
para triunfar en el amor; la carne no necesita más razones,
pues se enerva al oír tu nombre y te señala
como galardón de su triunfo. Orgullosa de esta victoria,
se contenta con convertirse en tu pobre sierva,
manteniéndose pendiente de tus asuntos, sirviendo a tu lado.
No es falta de conciencia el que yo le llame amor
pues su deseado amor es lo que me mueve.  

martes, 11 de octubre de 2011

Soneto CL: aunque amo aquello que otros aborrecen

El poeta sigue debatiéndose en su fuero interno por los sentimientos encontrados hacia su amada.

                     Soneto CL
¡Oh! ¿De dónde procede tu poderosa fuerza

que, con todos sus defectos, controla mi corazón?
Esa que me hace mentirle a mi verdadera visión
y jurar que la luminosidad no decora el día.
¿De dónde extraes esa capacidad maligna
que hace que tus hechos más abyectos
tengan tal fuerza y probada habilidad
de forma que, en mi mente, lo peor exceda a todo lo mejor?
¿Quién te enseñó a conseguir que te ame cada vez más
cuanto más veo y oigo motivos para odiarte?
Oh, aunque amo aquello que otros aborrecen
junto a otros no debieras aborrecer mi situación:
si tu escasa valía despertó mi amor por ti
más merecedor soy yo de tu amor.

lunes, 10 de octubre de 2011

Soneto CXLIX: cuando contigo me conjuro contra mí mismo

El poeta reprocha a la Dama Oscura que no corresponda a la pasión que él siente por ella.


              Soneto CXLIX
¿Puedes, oh, ser cruel, afirmar que no te quiero,

cuando contigo me conjuro contra mí mismo?
¿Acaso no pienso en ti, tirana,
si me olvidé de mí propio ser por ti?
¿A quién que te odie puedo considerar amigo,
a quién desapruebas que yo muestre afición,
y además, si me miras amenazadora, acaso no inflijo
venganza sobre mí mismo con inmediatas lamentaciones?
¿Qué merito tiene mi autoestima,
al despreciar tus servicios tan orgullosa,
si lo mejor de mí venera tus defectos
guiado por el movimiento de tus ojos?
Pero, amor, continúa odiándome, porque ahora conozco tu mente:
amas a aquellos que ven y yo estoy ciego.

viernes, 7 de octubre de 2011

Soneto: CXLVIII: los ojos del amor no son tan fiables como los de los hombres

Continúa el poeta debatiéndose entre lo que le dicta su corazón, su pasión por la Dama Oscura, y lo que recomiendan la razón y los sentidos.


                    Soneto CXLVIII
¡ Ay de mí! ¿Qué ojos ha puesto Amor en mi cabeza

que no son fieles a la visión verdadera,
o, si lo son, a dónde ha huido mi juicio
que falsamente censura lo que ellos perciben correctamente?
¿Si es hermoso lo que mis falsos ojos adoran,
por qué se empeña el mundo en decir que no es así?
Si no es así, entonces mi amor bien demuestra
que los ojos del amor no son tan fiables como los de los hombres: no,
¿cómo habrían de serlo? Oh, ¿cómo podría ser fiel la visión de Amor
cuando está tan irritada por la vista y por las lágrimas?
No es raro entonces que yo confunda lo que veo;
el mismísimo sol no ve hasta que se aclara el cielo.
¡Oh Amor engañoso! Con lágrimas me mantienes a ciegas
para que los ojos de buena vista tus sucias faltas no descubran.

jueves, 6 de octubre de 2011

Soneto CXLVII: mi amor es como una fiebre que se perpetúa

En este caso, Shakespeare compara el amor que siente por la Dama Oscura con una enfermedad. Su raciocinio es el médico que sin éxito intenta curarle. Reconoce en los últimos versos haberla idealizado pues la define como "tan negra como el infierno y tan oscura como la noche" ( black as hell, as dark as night).


             Soneto CXLVII
Mi amor es como una fiebre que se perpetúa
porque se alimenta de aquello que protege la enfermedad,
nutriéndose de lo que preserva el mal,
para satisfacer un incierto apetito enfermizo.
Mi razón, un médico para mi amor,
iracundo porque sus prescripciones no se han aplicado,
me ha abandonado y ahora desesperadamente concedo
que el deseo es la muerte, lo que diagnosticó mi medico.
Desahuciado estoy, ahora que la Razón se desentiende de mí
y frenéticamente loco, con una inquietud para siempre;
mis pensamientos y mi discurso son los de un orate,
alejados de la verdad y vanamente expresados,
porque he jurado que eres bella, y te he imaginado brillante,
a ti, que eres tan negra como el infierno y tan oscura como la noche. 

miércoles, 5 de octubre de 2011

Soneto CXLVI: compra valores divinos vendiendo horas de escoria

Este es quizá el soneto más religioso de Willliam Shakespeare, en el que trata la tradicional dicotomía alma-cuerpo desde una perspectiva que alude al derecho mercantil y al mercado inmobiliario.


               Soneto CXLVI
Pobre alma, el centro de mi mundo pecador,
que alimentas esos poderes rebeldes que encubres,
¿por qué languideces ahí adentro y padeces hambruna
mientras pintas alegres tus paredes externas a tan alto coste?
¿Por qué  inviertes un gasto tan elevado sobre tu mansión menguante
teniendo en cuenta el corto periodo de alquiler?
¿Se comerán los gusanos, herederos de estos excesos,
el motivo de tu cuidado? ¿Es éste el fin de tu cuerpo?
En este caso, alma, has de vivir de la pérdida de tu siervo,
de forma que ese dolor agrande tus activos;
compra valores divinos vendiendo horas de escoria;
aliméntate por dentro, nunca más seas rica por fuera:
de esta forma, te cebarás de la muerte, que se ceba en los hombres,
y una vez muerto, ya no hay más muerte.

martes, 4 de octubre de 2011

Soneto CXLV: quien como un diablo ha volado del cielo al infierno

Este soneto es el único de los 154 que difiere en la métrica puesto que no está escrito en pentámetro yámbico. Esto lleva a algún erudito a postular que fue escrito en una época anterior y posteriormente incluido en la serie, pero es improbable que el joven Shakespeare que vivía en Stratdford, antes de iniciar su carrera literaria, conociese la tradición sonetista todavía.


                     Soneto CXLV
Esos labios construidos por la misma mano de Amor

respiraron un sonido que decía “odio”,
a mí, que me desvivía por ella:
pero cuando ella contempló mi penoso estado,
la compasión llegó directa a su corazón
censurando a aquella lengua, que siempre dulce,
acostumbraba a suministrar suaves sentencias,
y de esta forma la enseñó de nuevo a saludar;
ella alteró “odio” con un final en la frase
que le sucedía tal y como el tierno día
sigue a la noche, quien como un diablo
ha volado del cielo al infierno.
“Odio” del odio ella retiró,
y salvó mi vida diciendo “a ti no”.